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El viejo debate de la inmigración extranjera en Japón

Por: | en: Temas Laborales | el: | Imprimir Print



Actualmente, por las obras civiles de las Olimpíadas 2020, reparación de las infraestructuras existentes, obras de la reconstrucción de la región noreste afectada por el sismo y el tsunami del 2011, acondicionamiento de la infraestructura vial y de transporte, obras de reforzamiento antisísmico de los edificios públicos, escuelas y viviendas, etc., se está discutiendo la necesidad de introducir mano de obra extranjera, al igual que hace 30 años atrás, porque no alcanzan los operarios y técnicos existentes. En los últimos 15 años unos 1.800.000 trabajadores del sector de la construcción fueron reubicados en otras actividades y hoy el tercio de los quedan son mayores de 50 años de edad.

En los sectores de restaurantes y comidas preparadas, transporte y carga, cuidado y atención de personas de edad y discapacitados, está aumentando la necesidad de mano de obra y aunque muchas empresas han dispuesto aumentos en el salario/hora o el establecimiento de contratos más estables con su personal para que puedan gozar de más seguridades, pagas por bonificaciones y todas las coberturas de la seguridad social, no pueden cubrir las vacantes. 

Dentro de este contexto, en marzo de este año 2014, el gobierno de Japón ha anunciado que está evaluando introducir unos 200.000 trabajadores extranjeros al año para paliar esta escasez y dar respuestas a la baja natalidad de la población (1). Una subcomisión del Consejo Asesor Económico y de Políticas Fiscales de la Oficina del Primer Ministro es la que está realizando esta propuesta donde implícitamente están evaluando aceptar migrantes para tareas no calificadas y por ende admitirían abrir el país a la inmigración extranjera en sentido más amplio, aunque en cifras fuere limitado (2). Desregularían el visado de "practicante” (gino jisshu) (3) para recibir a operarios de los países en desarrollo y de los emergentes para "formarlos” en Japón con una permanencia máxima de 6 años para adecuarlo a la finalización de las obras de las Olimpíadas 2020. También, planean flexibilizar el visado de "actividades específicas” (tokutei katsudo) para captar mano de obra más diversa desde el exterior.

Los que dicen NO a la migración, argumentan que la presencia casi ilimitada de extranjeros incidiría negativamente en las costumbres, pautas culturales y sociales de esta sociedad, además de agravar la inseguridad y los gastos de la seguridad social. Señalan que los bajos salarios afectarían negativamente el salario de los trabajadores y empeoraría el desempleo.

Y los que dicen SI, consideran que la diversidad es positiva y frenaría la baja tasa de natalidad y fecun-didad e incluso haría incrementar los aportes al fisco en impuestos y a la seguridad social. Además, una mayor competencia mejoraría la baja productividad laboral del sector servicios y en el ámbito de los profesionales de alta calificación esa competencia sería más que provechosa para el Japón.

Sin embargo, mi experiencia con los trabajadores nikkei de Sudamérica durante más de 20 años dan cuenta que estos temas no pueden definirse por un sí o por un no. Ya la misma sociedad y la administración local tienen bastante know how en la gestión de los migrantes extranjeros. 

Estas son algunas de las mis consideraciones:

(1) Incorporar mano de obra para la construcción con este visado de practicante "gino jisshu” no es adecuado pues no es un permiso de trabajo en sentido estricto. Los abusos en la paga y largas jornadas de trabajo por parte de algunos empleadores dan cuenta de ello. Dicen que el tiempo máximo de permanencia sería de 6 años, ¿pero podrá el Estado japonés garantizar que estos extranjeros luego regresen al país de origen? Ni los empleadores ni el Estado poseen suficiente capacidad de control y gestión para disponer de inspectores en todo el país, salvo que los tengan casi encerrados en establecimientos con poco acceso al exterior como lo hace Singapur. En seis años es inevitable que algunos piensen quedarse por más tiempo, formen pareja o llamen a algún familiar para vivir en Japón, etc. La experiencia europea señala que una vez que entran y llevan una vida laboral y social las expectativas de las personas cambian o se inflan. El visado de "practicante” es demasiado endeble y promueve el no cumplimiento de las obligaciones del empleador. Si Japón acepta extranjeros para la construcción debe dejar abierta la posibilidad de que luego se queden como migrantes, pues no pueden controlar como un país totalitario hasta los pensamientos de cada persona.

(2) Otro factor que no pasa desapercibido es que los sectores que tienen escasez de mano de obra no ofrecen buenas condiciones de trabajo y la tasa de renuncia y alejamiento de los trabajadores es alto, encima la productividad no es de las mejores. Muchas de esas firmas son las llamadas "empresas en lista negra” (black kigyo) que no pagan las horas extras o los obligan a largas jornadas que en algunos casos han terminado en "karoshi” (muerte por exceso de trabajo). 

En los ’80 cuando hubo la discusión de introducir mano de obra extranjera en el sector manufacturero optaron el ingreso de los nikkei de Sudamérica por considerar que por ser descendientes entenderían mejor el idioma y las costumbres japonesas. Nunca admitieron a estos como inmigrantes "imin” ni como mano de obra de poca calificación "tanjun rodo”, pero la realidad es que son ambas cosas y no les resultó tan barato como habían "planificado” previamente. Los "expertos” y los burócratas habían previsto que estos "dekaseguis” (trabajadores que cuando ahorran cierto dinero se regresan) retornarían a sus países en 3 a 5 años, pero se han quedado y hoy conforman una comunidad de 250.000 latinos (y eso que 120.000 brasileños se han ido entre los años 2009 al 2012). La pregunta es si los miembros del Consejo Asesor y demás "expertos” han aprendido o no algo de esta experiencia migratoria.

(3) Otro razonamiento poco racional en esta sociedad es que para algunos la aceptación de migrantes extranjeros es sinónimo de aumento de la tasa de natalidad y de fecundidad. O sea, desean que las mujeres tengan muchos hijos cuando las mismas mujeres japonesas, por la escasez de guarderías en las grandes ciudades, las dificultades de ejercer sus derechos en las licencias pos-maternidad y crianza, etc., no están dispuestas a tener hijos o si los tienen no llegan a dos. Las estadísticas dan cuenta que en las filipinas, peruanas y brasileñas, en la primera camada de inmigrantes puede haber de 2 a 3 nacimientos pero sus hijos o sea la segunda generación van tomando una conducta similar a las mujeres locales (matrimonio tardío, parto a edad avanzada y baja tasa de fecundidad). Lo que Japón debe asumir es que no pueden mantener el actual nivel poblacional y deben diseñar su sociedad, sus industrias y su estructura social con parámetros más realistas, viables y sustentables. Los "expertos” que amenazan que en 100 años Japón desaparecería como sociedad y etnia es otra de las teorías infundadas y retrógradas que merodean por allí.

Mi conclusión es que la presencia de extranjeros en diversas actividades y tipo de tareas siempre es positivo, aunque está en la potestad del Estado receptor delimitar los requisitos, modalidades y la cantidad. Pero, deben entender que son personas que pueden cambiar de expectativas y siempre existe la posibilidad de que se instalen por más tiempo del esperado y hasta formen familias. Para eso, la sociedad receptora debe estar preparada no solamente en la atención y el soporte administrativo en los municipios sino ser más conscientes que los extranjeros pueden ser un elemento activador en la búsqueda de nuevas respuestas hacia su propia sociedad y su relación con el exterior. Y que todo lo que éstos aprendan del Japón puede llegar a ser muy positivo para el país del que son oriundos. Está en Japón saber capitalizar estos "recursos” para que en algún momento se transformen en propio y sea de provecho para el desarrollo de su sociedad.


Artículo original publicado en Discover Nikkei, en mayo 21, del 2014: http://www.discovernikkei.org/es/journal/2014/5/21/imin-roudou-ukeire/


- Al parecer no es solamente la mano de obra para la construcción sino también para frenar la reducción poblacional y aumentar los nacimientos. "Alertan” de que si siguen con esta tasa de fecundidad de 1.41 en unos decenios más la población activa y adulta bajaría drásticamente. 

- Siempre evaden usar la palabra "inmigrante” porque temen en ingreso excesivo de mano de obra no muy calificada pero, de hecho, desde 1990 los nikkei de América Latina han sido el experimento más reciente en la admisión de inmigrantes y sus familias. 

- Este visado de capacitación y práctica laboral "gino jisshu” ha sido diseñado en principio para formar al personal local de las empresas manufactureras ja-ponesas radicadas en Asia y otras regiones del mundo.

 

Por: Lic. Alberto Matsumoto

www.ideamatsu.com











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