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Residir en un país como Japón cuya cultura e idioma son distintos al nuestro, es día a día nuestro mayor reto para ir adaptándonos y acoplándonos como inmigrantes, siendo el idioma japonés una de las mayores barreras debido a sus distintas formas de escritura y  significados.  

Aunque a lo largo de estos años muchos de nosotros hayamos aprendiendo lo básico del idioma japonés para desenvolvernos en nuestra vida cotidiana; este no es suficiente cuando tenemos que ir a hospitales, municipios u otras entidades donde el conocimiento de las palabras técnicas son fundamentales  para poder llevar a cabo con éxito nuestra visita a dichos lugares, haciéndose necesaria la ayuda de un intérprete que nos pueda  traducir y transmitir lo que queremos.  

Si bien es cierto que la presencia de un intérprete es importante, también lo es importante que el intérprete esté  capacitado para una visita al hospital por ejemplo, esta es la mejor opción que tenemos para comprender al  100% lo que nos dice el médico y lo que queremos hacerle saber. Lamentablemente, muchas veces esto no se toma en cuenta y vemos a niños y jóvenes fungiendo de intérprete de sus padres o familiares, lo cual les genera una confusión y frustración pues a su corta edad se ven obligados a traducir y explicar términos médicos que no entienden, cargando así con la presión y responsabilidad  que les genera ser intérprete de sus padres o familiares. 

Al respecto, es importante que analicemos las ventajas que hay entre contar con el servicio de un intérprete y las desventajas contraproducentes que acarrea el delegar dicha tarea a niños o jóvenes:


 

 

En tal sentido, es importante tener en cuenta que actualmente en muchas prefecturas se brindan clases gratuitas  para capacitar a personas que quieran ser intérprete en medicina y otras áreas, como es el caso de la Provincia de Gunma donde cada año se dictan pequeños cursos de capacitación. 

Finalmente, cabe recalcar la importancia de buscar la ayuda de un intérprete que nos pueda traducir de la manera más exacta lo que necesitamos, y que como adultos seamos responsables para con nuestros niños a la hora de someterlos como traductores a situaciones para las que no están preparados psíquica, ni emocionalmente.


Por: Jacky Uehara

Licenciada en Psicología











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