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Últimamente se observa que en muchas localidades hay charlas para informar un poco más acerca de la educación de los hijos de los migrantes latinos que viven en Japón. He podido participar en varias de ellas como expositor y en la de Mishima, organizada por una ONG llamada Casa de Amigos, tuve el enorme placer de conocer un universitario peruano llamado José Carlos Guerrero (Nishioka) y escuchar su experiencia personal.

Este joven está en el último año de la carrera en una prestigiosa universidad privada de Tokio, el ICU – International Christian University, y hace muy poco obtuvo la confirmación de su primer empleo en una importante firma internacional donde trabajará desde abril del 2016. Dado que su padre falleció hace varios años atrás, su madre que es miembro activo de la entidad social que organizó este evento, ha hecho un gran esfuerzo para criarlo y apoyar los estudios de su hijo pero por esa misma razón algunas de las consideraciones vertidas por José Carlos tiene mucho peso y realismo a la hora de informar a los padres como a los chicos de la secundaria que piensan en algún estudio superior.

Es algo en lo que siempre hago hincapié en mis charlas porque para seguir un estudio universitario es importante que además de informarse sobre las posibles carreras y sus posibilidades de inserción laboral, los tipos de universidades y sus costos, los préstamos, becas y eximiciones de pago, etc.; ante todo, deben asumir la situación real del nivel académico que tienen o han tenido en la secundaria superior "koko”, los ahorros que tienen los padres y el perfil laboral que desean proyectar en base a dicha opción. Si bien hay que estudiar lo que a uno más le gusta, siempre van a encontrar en esa disciplina una cantidad de materias y contenidos que seguramente no será de mucho agrado. Por lo tanto, hay que estudiar lo que más se adecue a la aptitud de uno y lo que le puede dar un empleo aceptable y posibilidades de progreso.

Lo que Carlos señaló entre muchas otras cosas, es que al momento de ingresar a una universidad es necesario tener por lo menos 1 millón de yenes en mano para pagar la matrícula y el primer semestre del año. No hubo titubeos en esto. Es una suma que puede venir del ahorro sistemático y ordenado de los padres o de un seguro escolar que ofrece por ejemplo el Banco del Correo japonés (aporte de una cuota durante muchos años con un préstamo que viene de dicho fondo). También señaló que las universidades nacionales y las privadas de mayor prestigio son las que tienen los mejores programas de becas especiales para los estudiantes con muy buen desempeño académico. Recomienda además que no es conveniente endeudarse demasiado más allá de las posibilidades después de haber ingresado a la universidad porque eso estrecha el margen de maniobrabilidad y deja una deuda muy grande hay que empezar a pagar desde que finaliza la carrera.

Otra observación que hizo fue que los hijos de migrantes pasan por una crisis de identidad en la adolescencia que genera confusión y tensión con los padres, consigo mismo y con la misma sociedad. Y para superar estos momentos considera que el intercambio cultural con los demás, sea con japoneses como con extranjeros de otras nacionalidades, ofrece respiro y respuestas a las dudas e incertidumbres. Para él el bilingüismo de manejar dos idiomas nunca puede ser perfecto porque en Japón deben concurrir a la escuela japonesa y aprender en dicho idioma. El español que se maneja es totalmente doméstico y es totalmente insuficiente para procesar toda la información y los conocimientos que se adquieren en  japonés. Recordó que algunos latinos supieron dar un salto cualitativo con el inglés para diferenciarse de los demás japoneses y que a través de un concurso de oratoria en dicho idioma recuperaron la autoestima y se abrieron camino para estudiar más.

Consideraciones muy parecidas fueron vertidas en la charla realizada en Tokai University por Carina Hayakawa, quien después de graduarse de la Universidad de Kanagawa ingresa a una compañía aérea norteamericana y se desempeña actualmente con mucho entusiasmo en su trabajo. Fue muy emotivo la manera en que agradeció a su familia por el apoyo y la comprensión que le dieron en los momentos duros de su vida.

Siempre suelo recalcar que acceder a una universidad no es el objetivo final sino el medio para formarse mejor como personas, descubrir otras formas de pensar, hacer buenas amistades y conocer mejor una sociedad. Sin embargo, si no tienen un buen nivel académico de la secundaria es muy posible que no puedan llegar a una universidad medianamente buena. Por la enorme oferta universitaria si disponen de cierto dinero es muy posible que con una entrevista puedan ingresar a estos establecimientos pero una universidad privada de tercer o cuarto rango pueda que no sirva siquiera para un aliento. Solo sería autocomplacencia de los padres y encubrimiento de la ineptitud y poca preparación de los hijos.

Al año llegan unos 600.000 jóvenes a las universidades pero se puede decir que un 15 al 20% de este total son los que están en establecimientos públicos y privados que valen la pena. El 95% de los ingresantes, aunque no hayan estudiado mucho obtienen su título porque las mismas universidades facilitan de una u otra manera su egreso en tiempo y forma para asegurar su "prestigio social e institucional”. Los profesores tienen que hacer malabarismos para que los desganados alumnos tengan cierta asistencia y aprueben el examen. Muchos japoneses siquiera saben redactar debidamente en su propio idioma porque leen poco o nada, y encima el nivel de conocimiento de lo que pasa en la sociedad y el mundo es vergonzoso. Por eso, el joven José Carlos señaló que muchos chicos de hoy no tienen una buena capacidad de lenguaje ni de comunicación, un requisito indispensable en el mundo del trabajo y la vida social. Estamos hablando de la situación de muchos jóvenes japoneses así que si imaginamos la situación de los hijos de inmigrantes con mala formación de base, eso implica una preocupación mayor. 

A pesar de todo, por ahora casi todos tienen su primer empleo asegurado al "terminar” sus estudios, pero son impresentables y poco aptos para las diversas tareas que debe realizar en una organización. Desde luego, es imposible que sean contratados como empleados públicos o en firmas de renombre.

De mi parte suelo recalcar que lo más importante es terminar íntegramente y con un muy buen nivel la secundaria superior "koko”, sin importar si la escuela es medianamente buena o mala. Si estudian bien y se esmeran en esta etapa, tendrán mejores posibilidades de permanecer en un empleo y capacitarse dentro de ella, ahorrar y luego estudiar por ejemplo en una Escuela Técnica "senmon gakko” que muchas veces es mucho más exigente el ingreso y el egreso que una universidad. Generalmente, hay que dedicarle a tiempo completo en el cursado de las materias para poder aprobarlas. Son 2.5 millones de yenes en dos años de estudio, pero si optan por una especialidad que el mercado laboral requiere tienen más posibilidades en encontrar un buen empleo que un graduado universitario.

Muchos padres dicen: "No queremos que nuestros hijos terminen en una fábrica como nosotros”, pero siempre les digo: "En Japón, el sector manufacturero como el de la construcción, es donde hay mucha tecnología e innovación y por ende requieren muchos técnicos intermedios con buena formación en "senmon gakko” o ingenieros con posgrados en las mejores universidades”. Es cierto que para los migrantes una fábrica es sinónimo de arduo trabajo y largas jornadas, pero tienen que comprender que un personal calificado puede desempeñar innumerables tareas manejando máquinas y herramientas de alta complejidad e incluso pueden incorporar nuevas mejoras en los productos. Un buen técnico o ingeniero tiene enormes posibilidades también en toda América Latina por cuanto hay una enorme escasez en muchos rubros. Si tienen una buena experiencia en Japón y buen manejo del inglés, es obvio que las oportunidades serán mayores.

No hay que pensar bajo los parámetros de décadas anteriores donde algunos padres insisten en carreras tradicionales en un país como Japón donde la estructura social e industrial es totalmente diferente al de Sudamérica, pues el mundo globalizado y las exigencias tecnológicas requieren de diversos especialistas que antes no eran tan prioritarios.  Si los hijos de emigrantes latinoamericanos manejan muy bien el japonés, tienen buena formación técnica y fluidez en el inglés, y sumado a eso cierta experiencia y capacidad de manejo en la diversidad cultural, las posibilidades de progreso laboral son más promisorias que el promedio japonés.

Web de Latin-a, Sección Educación, donde van a poder encontrar muchos temas de diversos autores que serán de mucha utilidad. http://www.latin-a.com/category/Educación/


Por: Lic. Alberto Matsumoto

www.ideamatsu.com













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